Memoria

Existen muchas posibilidades para explicar la disminución o pérdida de la memoria. Desde el deterioro producido con el pasar de los años hasta afecciones de salud que la pueden ocasionar, en forma aguda o crónica. En esta página solamente mencionaré la posibilidad de mejorar la memoria, deteriorada por la vejez o el estrés, mediante el uso de plantas medicinales.

Arándanos (Vaccinium myrtillus, junto a uvas negras (Vitis labrusca) y nueces (Juglans regia) han demostrado un importante efecto “antisenil”, que se atribuye a su potente poder antioxidante, adjudicado en parte a sus antocianinas y polifenoles antioxidantes e inhibidores de enzimas asociadas con el envejecimiento. Una mejora en la memoria de trabajo espacial ha sido plenamente demostrada. Los frutos desecados y liofilizados han obtenido resultados similares. Una nueva sustancia, la fisetina, es responsable por algunos de estos efectos. El jugo de ciruelas (Prunus domestica) a presentado efectos similares, atribuídos a su alto contenido en fenoles.

Centella (Centella asiática) El extracto acuoso interviene revirtiendo algunos de los procesos degenerativos potenciando el crecimiento de células nerviosas y modulando los componentes de la respuesta al estrés oxidativo, que se han implicado en los cambios degenerativos de algunos problemas de salud que disminuyen la memoria. Esto se ha logrado con el jugo fresco de las hojas o con sus extractos acuosos. En desórdenes neuropsiquiátricos ha resultado importante al disminuir el efecto de enzimas dañinas.

Ginkgo (Ginkgo biloba) aumenta la circulación general y particularmente la cerebral. Aumenta la presencia de sustancias neurotrasmisoras en los sitios importantes para el funcionamiento de la memoria espacial y la motivación. Los extractos de hojas se han venido utilizando en este sentido. Tal como lo he dicho antes, los extractos caseros de ginkgo pueden tener efectos secundarios importantes, por lo que su uso sin la vigilancia médica correspondiente puede ser riesgosa. Por ello recomiendo el uso de extractos estandarizados.

Ginseng. Tanto el ginseng coreano (Panax ginseng) como el ginseng americano o siberiano (Eleutheroccus senticosus) tienen en sus raíces sustancias que disminuyen el daño por estrés oxidativo en las células cerebrales y mejoran la plasticidad de los tejidos cerebrales. Son ginsenósidos que se extraen mediante decocción. Otras propiedades importantes, aumentan la energía general, disminuyen la fatiga, mejoran la inmunidad y son antiinflamatorios.

El té verde (Camellia sinensis). Su consumo continuado tiene un efecto benéfico sobre la estructura del tejido cerebral, que se va deteriorando con el paso de los años y modifica las funciones cerebrales, memoria, movimiento. La naringenina, presente en cítricos y en el orégano, también ha demostrado revertir daños del tejido cerebral.

Hay evidencias muy recientes de la importancia de una fibra soluble, el mucílago, en el mantenimiento de la memoria. Aparentemente ayuda a mantener la estructura del tejido cerebral que se va deteriorando con el pasar de los años. El malvavisco (Althaea officinalis) y la malva (Malva vulgaris) lo contienen en cantidades apreciables. Una infusión de sus partes aéreas es la que obtiene mejores resultados.

Un muy reciente estudio establece que la cúrcuma (Curcuma longa), el polvo de raíz utilizado como condimento, en dosis de un gramo diario, puede mejorar la memoria en adultos mayores con problemas de metabolismo energético y resistencia a la insulina, tal como sucede en los casos de tendencia a la diabetes tipo 2.

Muchas otras plantas con propiedades antioxidantes han demostrado ser útiles en lograr una mejora de la memoria en general.

El consumo de minerales como el azufre y el fósforo son importantes para el mantenimiento de una buena memoria, las hortalizas más importantes son, brócoli, coliflor, naranjas y zanahorias. Las vitaminas en general son muy importantes para el funcionamiento del cerebro y existen diversas fuentes alimenticias para obtenerlas. Además hay sustancias específicas que se deben obtener de la dieta, como la fosfatidilserina y otras, también de fuentes animales y vegetales.

Otra aproximación es la de los tranquilizantes. Un cerebro descansado, con un nivel mínimo de estrés, es capaz de funcionar mejor y a largo plazo su deterioro por el estrés oxidativo es menor. En la página sobre estrés daré mayores detalles.

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